Aprovechando que el tiempo todavía es propicio, planeo la primera escapada del otoño. Me acuerdo de aquel hotelito en la costa que hace tiempo me recomendó un buen amigo. Así que me dispongo a realizar una reserva para sorprender a mi pareja este fin de semana.

Sin embargo, la sorpresa me la llevo yo al acceder a la web del hotel para consultar la información e intentar concertar el alojamiento. El primer palo en la rueda lo encuentro al pinchar la pestaña para consultar las tarifas. Sí, indica el precio de la habitación doble, pero no sé si se refiere a temporada media, baja o alta; o incluso si se trata de esta temporada.

Confío en cerciorarme del precio iniciado en el proceso de reserva. Un banner que NO me incita demasiado a hacer clic para llevarla a cabo, ya me avisa de que alguna piedra más voy a encontrar el camino.

No me apetece perder el tiempo… y sin embargo pincho y aparece la pantalla, bastante desfasada como auguraba, donde tengo que meter mis datos –incluidos los de la tarjeta de crédito-. Uy, no sé si me atreveré… Busco en la web algún indicio de seguridad para los datos que tengo que dar para realizar el pago, pero nada… Ni candadito ni certificado SSL. Parece que esperan por mi parte una confianza online muy ciega.

En fin… Decido darle una oportunidad más al coqueto establecimiento y seguir adelante. Pronto compruebo que la tarifa era mayor que la anunciada; no obstante me viene a la memoria la cara de satisfacción de mi amigo hablándome maravillas sobre su estancia y, dado que la diferencia tampoco es mucha, continúo. Eso sí, con un mosqueo in crescendo.

Cuando creo que ya he terminado con esta mala no, lo siguiente, experiencia de usuario -faltó que me pidieran en el formulario la fecha de mi aniversario de bodas- aparece un mensaje donde dice que no hay disponibilidad para las fechas señaladas. ¿Cómo? ¡Si en el paso anterior me indicaba lo contrario!

Y ahora mismo no sé si la habitación está reservada, si el pago se ha realizado…. Voy a la pestaña de contacto para buscar el teléfono y me encuentro un 902, ¡sí señor! Con el vaso de mi paciencia a punto de desbordarse, llamo y no hallo más que un contestador al otro lado.

¿Servirá para algo dejar un mensaje de voz? Al oír la señal dejo grabado lo siguiente: “Estimados señores, en este momento desconozco si he realizado una reserva su hotel a través de su página web. Ruego que lo comprueben, y, de ser así, por favor, la cancelen”.

miguel_vega
Un post de autor “Guestposting” del periodista Miguel Vega. Porque a cualquier Director de Hotel le gustaría tener un huésped de referencia que le aportara información de primera mano acerca de cómo ha vivido la estancia en su establecimiento y qué mejoras ha detectado…
Bajo el título “Grillotelero” recogeremos relatos e historias de estancias en hoteles bajo la mirada crítica del huésped.

 

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